Cada 19 de octubre se celebra el día mundial de la lucha contra el cáncer de mama, y en esta fecha El Salvador se tiñe de rosa para concientizar sobre su prevención, ya que según datos oficiales del Ministerio de Salud, en el año 2022 se reportaron 2,090 casos de cáncer de mama, una reducción del 3.4% comparándolo con los casos del 2021, los cuales ascendían a 2,223. Esta cifra a la baja puede estar vinculada a la concientización de la detección temprana.
En el marco del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de mama, hablamos con Sara Maritza Beltrán, una mujer que personifica la fuerza y fe inquebrantable de quienes han enfrentado esta batalla. Su historia es un testimonio de fortaleza, determinación, y resiliencia que enmarca la importancia de la detección temprana.
En el año 2021 Sara Maritza Beltrán vivía su rutina diaria con normalidad junto a su esposo e hijos, ocupándose de su trabajo y obligaciones de su hogar e iglesia sin imaginar el giro que su vida estaba por dar, en donde su salud, fuerza y fe fueron puestos a prueba. “Yo llevaba mi vida normal, me ocupaba siempre de mi negocio y el trabajo, conviviendo con mi familia con normalidad, pero desde hace tiempo atrás ya había sentido un bulto en mi axila, y al pasar consulta con el doctor, me dijo que eso podría ser algo hormonal debido a mi edad y así estuve también sin darle mayor preocupación a ese primer diagnóstico” Recuerda Maritza sobre aquella primera consulta con un doctor.
Maritza en ese momento no imaginaba que aquel bulto sentido en su axila no se trataba de un tema hormonal, sino de un carcinoma que necesitaba de atención y tratamiento. “Uno sabe cuando algo en su cuerpo no está bien… El cuerpo le avisa, y yo sentía que algo no estaba bien” “Yo estaba trabajando con una doctora, la doctora Carmen de Mejía, y fue ella la que me dijo que le pidiera al doctor me mandara a hacer una biopsia, porque no creía que se tratara de algo hormonal”
Luego de realizada la biopsia, fue un 15 de octubre del 2022, el día en que Maritza se enteró que tenía un carcinoma, el cual debía ser tratado de inmediato, y dos días después de haber recibido esa noticia es ingresada al hospital, para posteriormente ser intervenida el 21 de octubre, donde le realizaron una mastectomía. 10 días después, el 31 de octubre conoció que su carcinoma se encontraba en grado 2, y que luego de esta intervención debía continuar con un nuevo tratamiento.

“Al momento de enterarme del cáncer, me paralice de pánico, y son muchas cosas las que pasan por la mente de uno, tristeza, aflicción, pensamientos de me trato o no me trato, pensaba en la quimioterapia y pensaba en la muerte… Pero pensé también en mis hijos, mi familia y sabía que tenía que darle para delante por ellos, y fue ahí donde conocí y valoré que no estoy sola, y se fortaleció mi fe y mi amor, tanto el amor que siento por mi familia como el amor que recibo de mi familia. Al recibir la noticia oramos y nos unimos más como familia”
“ELLOS SON EL MOTIVO DE CADA DÍA SEGUIR ADELANTE”
Sara Maritza Beltrán
Luego de realizada la mastectomía, se le realizó un análisis de inmunohistoquímica, donde se confirmó su carcinoma en grado 2, las citas con el oncólogo iniciaron, al igual que las quimioterapias, de las cuales Maritza recibió 16 sesiones. “En la quimioterapia tuve momentos de debilidad… De debilidad física, emocional y de fe al verme bajar de peso, perder el color de mi piel, perder mi cabello… No tener cejas, no tener ni un vello y no reconocerme” Los momentos difíciles continuaron cuando su hijo menor sufrió un derrame a causa de la preocupación por verla en este proceso. «En ese momento nos abrazamos más como familia, y en vez de quejarme, eso me dio más fuerzas… No quería debilitarme más, no quería que me vieran mal, así que del dolor tome fuerzas, tuve la capacidad que del dolor y la tristeza sacar una fe inquebrantable que me ha hecho más fuerte»
Para Maritza lo más difícil del cáncer ha sido sufrir un deterioro físico y mental, que a su vez afectaba a su familia al verla pasar la situación. «Un día recibí la visita de la doctora Carmen de Mejía y ella me dio palabras de fortaleza que cambiaron mi mentalidad, me hizo ver que si yo decidía quedarme acostada todo así seria, o podía salir adelante e intentar mejorar no solo por mi, también por mi familia. Ese día me levante de la cama y empecé a comer un poco más, a moverme más… Ahora logró ver un cambio, el subir de peso, verme el cabello y al ver eso, me siento bendecida y empiezo a creer que eso ya paso».
“Aprendí en medio de todo lo malo a hablarme bonito, verme bonita, a quererme, agradecer que Dios me sacó adelante… Un cáncer le cambia la vida a la persona, es un giro grande en todo aspecto, y gracias a eso soy una mujer de Dios, de iglesia y con mucha más fe tras haber conocido a Dios. Espiritualmente no soy la misma, y ahora valoro lo que antes no valoraba… Salir en la tarde a caminar y ver el atardecer, disfrutar la vida…”







«quiero que me vean y al verme ellas digan: Si ella pudo, yo puedo”
Sara Maritza Beltrán
Actualmente Maritza continúa su proceso de recuperación y ha aprendido que de esta experiencia viene consigo un mensaje de vida, el cual quiere compartir con otras mujeres que estén atravesando una etapa similar a la que ella afrontó, es por eso que junto a sus nuevas amigas, también sobrevivientes del cáncer de mama, acuden al hospital Rosales a las quimioterapias ambulatorias, para manifestarles un mensaje de tranquilidad y apoyo. “Al estar bendecida, y agradecida con Dios y con la vida, estamos formando un grupo junto a otras mujeres y visitamos otras pacientes de cáncer que reciben quimioterapias en el hospital Rosales, oramos por ellas, les doy palabras de aliento, les digo que comprendo su dolor y quiero que me vean y al verme ellas digan: Si ella pudo, yo puedo”



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