160 niños fueron rescatados en Guatemala de la secta ultraortodoxa judía Lev Tahor, acusados de tráfico de personas y abuso sexual.
Lev Tahor, cuyo nombre en hebreo significa «corazón puro», fue fundada en la década de 1980 en Jerusalén por el rabino Shlomo Helbrans. El grupo sigue las tradiciones del jasidismo, una corriente ortodoxa y mística del judaísmo, y está compuesto principalmente por familias originarias de Guatemala, Estados Unidos y Canadá.
Durante un allanamiento realizado en las instalaciones de la comunidad Lev Tahor, ubicada en Guatemala. La operación contó con el apoyo del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS), según informó la agencia de noticias AFP.
Tres miembros de la secta judía extremista Lev Tahor han sido declarados culpables de secuestro y tráfico de menores, tras un juicio que reveló prácticas abusivas y criminales al interior de esta organización.
Los delitos por los que se les encontró culpables incluyen:
- El secuestro de un niño de 12 años
- El secuestro de una niña de 14 años
- Transportar a la niña de 14 años fuera de Estados Unidos para mantener relaciones sexuales con su “esposo” adulto.
Las víctimas estuvieron sometidas a matrimonios forzados, castigos físicos extremos como quemaduras en las manos, separaciones familiares y maltratos constantes.
El caso tomó relevancia gracias al testimonio de Shimon Malka, un exmiembro de Lev Tahor de 24 años, quien admitió en un tribunal federal su participación en el secuestro de dos niños en 2018. Las víctimas eran hijos de Sara Helbrans, hija del fundador de la secta, Shlomo Helbrans, y hermana del actual líder, Nachman Helbrans.
Según Malka, semanas antes del secuestro, Sara Helbrans había escapado del grupo, que en ese momento operaba desde México, tras oponerse al matrimonio forzado de su hija de 14 años. A pesar de haberse separado de Lev Tahor dos meses antes, Malka colaboró en el secuestro con la esperanza de facilitar un reencuentro con su esposa, quien permanecía en la secta.
Malka, sin embargo, recibió una propuesta de los fiscales para eximirlo de cargos a cambio de testificar contra los demás miembros del grupo.
La secta se ha trasladado varias veces, pasando por Canadá y México antes de establecerse en Guatemala, donde actualmente opera. Investigaciones recientes han expuesto un patrón sistemático de matrimonios forzados, abusos físicos y tráfico infantil.
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