Desde las estrellas, con amor – Mauricio Alexander Jovel

En el marco del Mes de la Prevención del Suicidio, y con el propósito de generar conciencia sobre la importancia de la salud mental y la prevención, el escritor y psicólogo vicentino Mauricio Alexander Jovel comparte su cuento “Desde las estrellas, con amor”, relato que también formará parte de su próximo libro titulado “Cartas que nunca llegaron… Y aún esperas”.

Amor mío, vi la puerta entreabierta y me atreví a pasar, me detuve un momento a mirar todo a mi alrededor sin ser indiferente a notar que cambiaste los muebles, y el que era nuestro favorito ya no está; aun así, la sala se siente cálida y llena de vida. Tu camisa color menta sigue colgada donde siempre, combina con los cuadros viejos de nuestras fotos. Me encanta el detalle sobre la mesa, el reloj que te regale sigue marcando la hora de nuestras cenas; me hace sonreír recordar nuestra organización apresurada por cada pequeño detalle para ese momento del día.

Veo tu nuevo peinado y me sorprende lo bien que te queda. Me recuerda a aquellas mañanas de lluvia, cuando te abrazaba antes de salir y despedirte con un beso. He estado largo rato observándote desde aquí, sintiendo tus gestos como si todo lo que somos todavía pudiera tocarme.

Aunque mi visita es breve, veo imágenes del antes y el después que me desorientan. Tengo frio, pero tu sonrisa de este último año me da calor. Me han llegado noticias de alguien a quien conociste; me alegra que sigas pensando en mi y que nuestros recuerdos permanezcan cristalinos en tus ojos.

Se que a veces es difícil y te pido perdón por aparecer así; es el único lugar al que se me permite ir. Estoy en un lugar tranquilo, construyendo nuestra casa de campo como la soñamos, de madera y teja roja, como siempre imaginaste.

Veo tu guitarra sucia y sin cuerdas… ¿Qué paso? ¿aprendes algo nuevo? Me encantaba escucharte tocar a medias noches; tu sutileza para calmar tu ansiedad sin hacer ruido y evitar despertarme me hacía sentir cada vez más tu amor. Después de todo, cuidar del otro, eso es amar ¿no?

Me senté en nuestro banquillo frente a la ventana, recordando cada abrazo silencioso después de los enojos pasajeros que tus manos disolvían en mi cintura con un beso aligerado y caprichoso. Intento abrazarte ahora, pero mis muñecas no responden del todo. Cada cierto tiempo siento un beso fantasma subir por mi cuello, recordando como nos fundíamos en cada noche.

Al final, no se todos los detalles de lo que sucede día a día. Debes estar todavía en confusión. Estoy bien, pero no puedo con la duda ni el dolor. Te pido perdón por mi partida fugaz; quiero remediarlo, aunque parece imposible.

Se que nos deseas juntos, te pido paciencia; no es tu momento. Te cuido en tus sueños, permaneciendo al costado de nuestra cama; gracias por respetar que al lado de la pared me sentía bien y alejar monstruos con tu abrazo nocturno. A veces me recuesto a tu lado, pero pareces no sentirme.

Intento abrazarte, pero mi cuerpo no responde. Te veo llorar, me alegra verte más cerca de Dios desde la ultima vez que nos vimos. Tus oraciones suben en forma de hilo dorado que vendan mis muñecas y me recuerdan que tu amor sigue intacto, aunque yo ya no pueda estar a tu lado.

Fuiste miel para mi corazón en medio de tanta amargura. Gracias por cada momento en que mi llanto fue contenido en tu pecho, mientras mis piernas temblaban y mis brazos no podían sostenerme. Mi cabeza dolía todo el tiempo, pero tu voz alejaba mis malos pensamientos; en medio de la guerra, tu amor fue paz y refugio.

Debo marcharme nuevamente, pero agradezco la vela que dejaste encendida frente a mi foto. Recuerdo, la tomaste en nuestra visita al lago mientras cantabas “vamos despacio, para encontrarnos” duraste semanas cantando eso. Cuando lloras de noche, pido permiso para cantarlo a tu oído y ayudarte a dormir.

Hay partes de mi que no pude amar y no fue por elección, a veces luchamos con tanto que ni siquiera conocemos. Gracias por no juzgarme.

Me quedan pocos segundos acá, quiero pedirte que sigas adelante. Dios me permitió elegir para ti a alguien, paciencia, llegará pronto, con quien compartirás tu vida, y con quien tendrás esa hija tan hermosa con tus ojos y tu cabello, te agradezco por bautizarla con mi nombre, guiare y cuidare de ella aquí por el resto de sus días desde que de la mano la acompañare al vientre que dará su forma. Bendigo y celebro tu vida.

No quiero despedirme, pero solo se me permitió bajar por un momento. Lo ultimo que paso por mi mente antes de partir fueron tus bellos ojos achinados.

A meses de mi partida voluntaria, te pido ser fuerte, no juzgues a quien no comprende. Solo quien ha sentido escapar su vida de las manos podría comprender la dificultad de amarse a si mismo cuando parece imposible. He conocido a Dios, al entrar en su salón me recibió con una sonrisa y un abrazo, no me juzgo, solo me fundió en su amor.

Sus ángeles me dieron ropa limpia y agua pura de sus manantiales celeste, una gota era capaz de saciar a mil ejércitos. conocí a tus abuelos, con alegría me sentaron a su mesa, me presentaron a tu perrito, según fue un regalo de tus padres en tu quinto cumpleaños. Cuando te vemos llorar se sienta en mis piernas a besar mis lágrimas.

Se que mi muerte fue voluntaria y que algunos no comprenden, pero estoy con más personas como yo, acá nos abrazamos, no nos juzgan, nadie me obliga a ser feliz sin comprender las razones, no hay sufrimiento, no hay culpa.

A meses de mi suicidio, sé que el corazón te pesa más que otros días, pero cada vez que veas un rayo de luz entrando por tu ventana, aunque no lo sepas, ahí estaré.

Sufrí heridas que, aunque no sangraban, me destruían poco a poco. Encuéntrame, por favor, en quien necesita a alguien, en quien vive solo, en el triste, en quien lleva carga sobre sus hombros de las que no habla, en quien lucha día a día por amarse, y por favor, encuéntrame en quien queda allá esperando ese abrazo que antes de cerrar mi ataúd me regalaste con mucho amor, aunque mi alma se fuese de viaje.

Aunque mis muñecas cortadas bañaron mis manos de rojo, en cada gota que mi corazón insistía en bombear fuera de mi cuerpo, te pensé en cada momento. Gracias por ser ese respiro, ese beso, ese abrazo; gracias por ese “Hola” que permitió que mi “adiós” no fuese tan triste, después de tomar esta decisión tan dura.

Solo quiero que la vida te conceda paz. Que tu sonrisa florezca en la ausencia de mi nombre y que mi ausencia brinde caricias a tu alma, porque ser feliz requiere olvido, entonces que tu olvido me abrace con ternura y cuando por algún descuido me recuerdes, que sea con la misma gratitud que yo te conservo. Yo cargare con el recuerdo, tu con la libertad de alguien que te ama sigilosamente desde cada estrella que abrace tu noche.


Descubre más desde

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo