La escuela del Verapaz lleva el nombre del Presbítero Norberto Marroquín, ilustre y devoto sacerdote con humildad espiritual que ayudó a la población con su caridad y que según historias se le atribuyen actos milagrosos.
Como es ya una tradición en Verapaz, cada 19 de septiembre se celebra la nominación del Centro Escolar «Presbítero Norberto Marroquín» y en este 2023 son 76 los años de realizar esta celebración, la cual dio inicio desde tempranas horas con un desfile de estudiantes por las principales calles de Verapaz hasta llegar a la iglesia católica donde se realizó una misa por la memoria del presbítero Norberto Marroquín, y a quien posteriormente se le rinde homenaje entregando un arreglo floral en la tumba donde descansan los restos del sacerdote. Luego de estos actos, tuvo lugar una presentación de bandas, y en este año se contó con la presencia de 14 bandas de paz de los departamentos de Cuscatlán, San Vicente y Usulután, que brindaron el ambiente de fiesta y alegría entre los verapacenses.

Esta celebración más allá del aniversario de la nominación de un centro escolar, mantiene viva la trayectoria e historias de un personaje querido y admirado tanto por creyentes católicos como por personas que rinden respeto hacia los actos de bondad realizados por el presbítero Norberto Marroquín, quien según relatos de abuelos realizó una vida de santidad, humildad y realizó actos heroicos y milagrosos que hasta la fecha aún se siguen mencionando entre las nuevas generaciones de Verapaz, una nueva generación que por lo visto en la celebración de este día, la memoria de este personaje ilustre continuará viva por muchas más años.
¿Quién fue el Presbítero Norberto Marroquín?

El Presbítero Norberto Marroquín, descendiente legítimo de don Salvador Marroquín y doña Vicenta Meléndez, vio la luz por primera vez el 9 de julio de 1859 en el Cantón San Pedro Agua Caliente, bajo la jurisdicción de la Villa de Verapaz, hoy Ciudad, en el departamento de San Vicente, El Salvador.
Desde temprana edad, mostró cualidades notables que lo llevaron a ingresar al Seminario Conciliar de El Salvador a los 15 años. Allí, su virtud, vocación y talento sobresalieron, culminando en la obtención de su título de Bachiller en Ciencias y su ordenación como Sacerdote. Su insaciable búsqueda de conocimiento lo llevó a obtener el título de Doctor en Letras y Filosofía de la Universidad de El Salvador. El legado del Padre Marroquín se extendió más allá de las paredes del seminario. Fundó escuelas dedicadas a la catequización religiosa y la alfabetización, basándose en la icónica «Cartilla de San Juan,» en las parroquias donde ejerció su labor pastoral. Su servicio se extendió por diversas parroquias, incluyendo Ilobasco, Chinameca, Soyapango, Santa Ana, Zacatecoluca, Verapaz y Nueva Concepción.
Lamentablemente, dos de sus obras escritas se han perdido con el tiempo, una de ellas relacionada con la religión y la otra con cánticos católicos. A pesar de esto, su legado perdura en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo y tratarlo. El Padre Marroquín fue un sacerdote ejemplar, destacado por su ilustración, caridad inquebrantable, humildad espiritual y modales suaves. Vivió dedicado al servicio de Dios, observando constantes ayunos, cilicios y oraciones. Su vida estuvo marcada por milagros y actos heroicos que realizó tanto en vida como después de su fallecimiento.
















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