Desde su comienzo en Armenia, Sonsonate, Rodrigo Barahona como bailarín y coreógrafo ha recorrido un camino lleno de desafíos y triunfos. Ahora se prepara para llevar su arte al escenario internacional.
Nacido en Armenia, Sonsonate, Rodrigo Barahona es un bailarín profesional y coreógrafo con una historia inspiradora de superación y resiliencia admirable. Desde muy pequeño, Rodrigo mostró ser un entusiasta por el baile al participar en actos artísticos de su escuela, entusiasmo que actualmente lo ha llevado a convertirse en coreógrafo de Dance Crew, un grupo de danza moderna próximo a competir a nivel internacional y representar a El Salvador en una competencia de danza que se llevará a cabo en México.
Rodrigo recuerda haber iniciado a bailar en kínder, cuando a penas era un niño, sin imaginar que la danza se convertiría en parte esencial de su vida, siendo una pasión que le abriría puertas hacia nuevas oportunidades, cosechando éxitos y convirtiéndolo en un referente como coreógrafo y bailarín en Armenia. “Mi maestra escogía a cualquier niño para bailar, y un día me escogió a mi, y recuerdo que a mi me gustaba… Siempre iba adelante porque era aplicado, y así iba pasando los grados y lo hacia porque me gustaba, sin proyectarme de mayor seguirlo haciendo”.



Rodrigo cada vez empezó a interesarse más por el baile, y eventualmente los primeros estigmas sociales empezaron a presentarse, ya que ante una sociedad machista un niño que baila, y que además lo hace muy bien, no es bien visto. “En la escuela que estudiaba eso no era bien visto, eran super machistas” Ante esto Rodrigo no hizo caso a comentarios o miradas, y siguió desarrollando y participando activamente en los actos artísticos de su escuela, donde conocería a la maestra Johana, que hizo cambiar su mentalidad y ver el baile como algo profesional y no solo como diversión. “Fue como en séptimo grado que hicieron un proyecto de gimnasia rítmica, y me escogieron entre tantos y la maestra de física, fue la primera persona que confió, que siempre me decía que yo podía”
Con el paso de los años, Rodrigo Barahona se destacó como un joven participativo y entusiasta, siempre en busca de eventos donde pudiera bailar y brillar. Sin embargo, antes de su primera actuación en una fiesta de quince años, sufrió el dolor del rechazo y la exclusión. “Me dijeron que yo ya no iba a participar, y yo sentía que siempre me hacían el feo, y ese rechazo me marco” Lejos de desanimarse, este incidente fortaleció su carácter y su resiliencia. Rodrigo decidió confiar en su talento y seguir adelante, usando aquella experiencia negativa como impulso para superar los obstáculos y perseguir su pasión por la danza.
Después de dedicar gran parte de su vida al baile, Rodrigo Barahona enfrentó un desafío significativo al llegar a la etapa de bachillerato: la falta de dinero impedía su desarrollo tanto educativo como artístico. Esta necesidad lo impulsó a utilizar su talento como bailarín para generar ingresos, y su primera oportunidad no tardó en presentarse. “A la par del instituto había una escuela, y como veían que yo bailaba bien, me dijeron que si los ensayaba para un festival de inglés, y en el lapso de mis descansos para almorzar yo los ensayaba para generar ingresos”
Rodrigo describe que esa situación hizo verse a sí mismo como un coreógrafo y ante su buen trabajo, las oportunidades continuaron llegando. “Después de salir del instituto el director de esa escuela que yo ensayaba para el festival de ingles, me llamaron ya como coreógrafo, y yo contento… Después me ofrecieron lo de las cachiporristas, y del instituto en el que yo salí, me llaman también para ser el coreógrafo, y ese mismo año me llamo también la escuela parroquial y de San Julián también que necesitaban un coreógrafo de emergencia».
En su primer año fuera del instituto, Rodrigo Barahona ya había sido contactado para dirigir cuatro escuelas, comenzando así a materializar su potencial como coreógrafo. Aunque no estaba en sus planes iniciales, este nuevo rol le permitió continuar mejorando y construyendo su camino en el mundo de la danza moderna.
“Es un error mio no creermela yo, yo quisiera verme de los ojos de otras personas”
Rodrigo nunca se imaginó que aquel niño que bailaba folklore en su escuela se convertiría en un coreógrafo y bailarín destacado, y que; incluso participaría en «Ven a bailar», un programa de televisión dedicado al baile. «Yo siempre había tenido el sueño de concursar con grupos, y para una coronación de Armenia me contratan para hacer algo, y chicos que yo conocía de fiestas de quince años nos unimos y por cosas del destino concursamos y ganamos tercer lugar»


Dance Crew
Luego de una serie de eventos imprevistos pero con una finalidad clara que Rodrigo no sabe si llamar destino o casualidad termino conformando su propio grupo de danza moderna llamado Dance Crew, “Empezamos a ir a varios concursos y siempre ganábamos algún lugar… Me proyecte darnos a conocer en todo El Salvador… y hacen el casting para TCS y quedamos…”
El programa de televisión «Ven a bailar» no solo fue una plataforma para mostrar el talento de Rodrigo Barahona, sino que también lo catapultó a nivel nacional. Su participación posicionó su nombre y el de su grupo coreográfico en la escena de la danza moderna, ganándose el reconocimiento y la admiración de muchos. Gracias a esta exposición, Dance Crew experimentó un crecimiento significativo, convirtiéndose en un grupo mixto con 50 integrantes.





Bajo la dirección de Rodrigo, el grupo ha continuado consolidándose como una fuerza notable en la danza moderna, llevando su pasión y talento a nuevas alturas. «Quedamos en tercer lugar en una competición y ganamos la invitación para poder viajar a México, y poder a El Salvador en diciembre».
Rodrigo ha destacado en la danza moderna más de lo que en algún momento llego a imaginarlo, y aquello que empezó por diversión se ha materializado en un estilo de vida, pero previo a esta plenitud, aceptación y éxito cosechado hubo una serie de circunstancia que moldearon a Rodrigo y lo han convertido en la persona perseverante, entusiasta, optimista y disciplinado que es ahora.
Rodrigo Barahona, con una carrera ascendente y llena de logros, tiene un objetivo claro a corto plazo: salir del país y presentar su talento en el ámbito internacional. Al lograrlo, cumplirá su principal sueño y anhelo como bailarín. A largo plazo, Rodrigo decreta su deseo de establecer su propia escuela de baile y regresar a un programa de televisión, confiando en su capacidad para alcanzar estos objetivos.
Dado el historial inspirador y resiliente de Rodrigo, no hay duda de que lo logrará, ya que ha encontrado la clave del éxito: «Creer, perseverar y confiar» Con esta filosofía, está preparado para enfrentar cualquier desafío y continuar siendo un referente en el mundo de la danza moderna, tanto en El Salvador como en el extranjero.
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